Este
libro demuestra que el tango, si bien fue concebido y parido en
ambas capitales del Plata, se vivió con la misma intensidad
e idénticas pasiones en los más remotos rincones del
interior.
El autor toma una muestra de una decena y media de ciudades para
el desarrollo de su investigación y destaca mediante entrevistas
y más de 200 fotografías, el peso y la gravitación
de las figuras locales que conformaban grupos y orquestas que actuaban
durante todo el año, transitando caminos pródigos
en polvaredas y fango, pero también ricos en emociones y
sueños. Introducción
y Conclusión - Fotos
-----------------------------------------------------------Palabras
de Natalio Pedro Etchegaray
Viento
que lleva y trae recuerdos del pasado,
como el viejo perfume de un frasco destapado.
(Enrique Cadícamo).
Siempre
digo que soy un hombre de suerte. Y hoy creo que una vez más
puedo decirlo. Cómo no reiterarlo frente a la posibilidad
de prologar esta obra pionera de Néstor Dipaola. Piense
el lector de este libro la enorme cuota de emoción
y de nostalgia que tienen para mí encontrarme, a propósito
del tango, con una recreación de la vida cotidiana
en Tandil y su región.
Siendo el tango el producto cultural urbano más importante
que han sido capaces de concretar los habitantes del Río
de la Plata, con epicentro fundamental en las ciudades de
Buenos Aires y Montevideo, es muy oportuno estudiarlo en una
comunidad, ubicada a más de 300 kilómetros de
la capital, que si bien hoy se ha desarrollado ampliamente
en lo urbano y fabril, durante muchísimos años
dependió de su entorno rural.
|
 |
En una adecuada posición para estudiar la historia de los
hechos culturales, Dipaola sitúa la cronología de
los protagonistas locales y regionales del tango en el marco socio
económico de Tandil y su zona sin descuidar, cuando lo considera
necesario, la referencia a la situación nacional e incluso
internacional.
Con el paisano afincándose en las orillas de la ciudad y
el inmigrante edificando su “hábitat” urbano
al amparo de las artes y oficios que trajo de la vieja Europa; la
guitarra y el canto pampeano de unos y la música universal
y centenaria de los otros, dieron a luz un baile, una música
y una canción que los hombres y mujeres del pueblo hicieron
suya y aún con notables altibajos de popularidad, ha superado
gallardamente su primer siglo de vida.
Desde el Fuerte inicial hasta la ciudad actual, Tandil conoció
el malón indígena, la visión del inmigrante
agricultor y sus difíciles relaciones con los criadores de
ganado, la industria de la piedra y sus “montenegrinos”
anarquistas.
También al gringo, al gallego, al turco y al rusito centroeuropeo,
los vascos lecheros y los pioneros de las industrias alimentaria
y metalúrgica, hasta desembocar en la ciudad universitaria
y en el polo turístico serrano más cercano y apetecido
por los porteños y sus vecinos del Gran Buenos Aires.
Paralelamente los maestros de música, los pianistas y los
“orejeros” de la guitarra, el violín y el “fueye”
y luego los músicos profesionales, fueron frecuentando el
tango que, como en la gran ciudad, fue pasando de las casas “non
santas” a los bailes del patio suburbano, a las reuniones
familiares y especialmente a los centros y clubes que tanto contribuyeron
a satisfacer las necesidades de encuentro de una comunidad cuyo
crecimiento requería de nuevos lugares que posibilitaran
el desarrollo de las relaciones sociales.
Este libro refleja el desarrollo de la vida familiar, social, deportiva
y cultural; del teatro, el “biógrafo”, el cine
sonoro y luego la radio y la televisión, ya que todas ellas,
a su tiempo, albergaron el tango.
Leer y releer en sus detalles esta obra, constituye un disfrute
invalorable para los que, como yo, tuvimos la oportunidad de haber
crecido en Tandil, en un entorno de veneración gardeliana
y de cine argentino del 40, para luego transcurrir la adolescencia
y juventud en las épocas de “masividad” del tango.
Con este libro, Néstor Dipaola ha fijado por primera vez
y con rigor histórico literario, las historias y versiones
que supo obtener de la tradición oral lugareña y del
análisis de escuetas noticias periodísticas, ambientándolas
en un contexto social que le es ampliamente conocido, como lo ha
demostrado en sus anteriores obras sobre la historia de Tandil.
Natalio P. Etchegaray (*)
Banfield. Octubre de 2001
(*) Escribano General de Gobierno de la Nación
desde el año 1984. En diciembre de 1983 fue designado por
el Presidente Raúl Alfonsín, como Rector Normalizador
de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos
Aires, con sede en Tandil. Es tesorero de la Academia Porteña
del Lunfardo. Académico de la Academia Nacional del Tango
desde la fundación de la institución. Director de
la Fundación La Casa del Tango. Presidente de la Fundación
Americana de Cultura Urbana. Libros publicados
--------------------------------------------------------------------------------------Prólogo
desde el sur
Néstor
Dipaola es un periodista de raza. Y lo es de modo singular, con
una personalidad no estandarizada y un hacer no rutinario. Vincula
su labor a la actividad universitaria, profesionalmente, y escribe
con los signos propios de quien, como un deber de conciencia y de
responsabilidad como comunicador social, debe llegar a la mayor
cantidad posible de lectores, consumidores de cultura, personas
con derechos básicos a la información veraz.
Esto es poco decir, porque su formación está enriquecida
por una sólida cultura, por su labor investigativa, por su
seriedad en la búsqueda de documentación y fuentes
fidedignas. Gana así la condición de escritor cuya
producción no es meramente informativa, al tener vigor literario,
humano, llegador por su espíritu y su sensibilidad y, además,
por una materia que tiene alma y vida y que despierta el interés
de significativos contingentes humanos, en la Argentina y en el
mundo.
Mucho se ha escrito sobre el tango. Ricos son los fontanares que
emergen, principalmente, desde Buenos Aires, para proyectar el sentimiento
y la visión desde la megalópolis; poco es lo que se
expresa bajo el escorzo del ser humano de provincia, cuando no de
ciudad, de poblado, o de campaña. Los ejemplos representativos,
históricamente. Contemporáneamente los situamos en
unas pocas ciudades: Córdoba, Rosario, Santa Fe, Viedma,
Bahía Blanca y Tandil.
Y digo poco, por lo realizado, porque si bien el tango se fue conformando
en un tiempo mucho más prolongado del que se creyó
usualmente en la bibliohemerografía producida en la ciudad
de Buenos Aires, el desarrollo y la difusión posterior a
lo que se denomina “orígenes” tiene lugar en
todo el país, de manera tal que el tango porteño asume
su condición de tango argentino. Los aportes, la creatividad
y la producción en todas las facetas de la música
tanguista, generados por las provincias constituyen un acervo de
suma relevancia, se trate de la música, la letrística,
la interpretación y el baile.
El autor de la presente obra comprueba el aserto, con una muestra
de la ciudad a la que pertenece y también de la región
austral, con contenidos que no son puramente técnicos y específicos
del tango, consciente de que el tango es, como lo afirmamos nosotros,
una resultante cultural, artística, musical y literaria,
subsumida en un contexto, en la sociedad humana total, como realidad
(lo ya acontecido, la historia) y como actualidad (el desenvolvimiento
contemporáneo).
Los ingredientes que se fueron incorporando a esa resultante, en
el tiempo, son antiguos, y por causa de las constantes migraciones
de los seres humanos, también aparecieron en Tandil. Existe
una continuada influencia cultural, estructuralmente hablando, de
manera que ninguna comunidad local podría atribuirse la paternidad
de aquello para lo que tiene aptitud creativa el espíritu
humano. Ni Tandil, ni el sur argentino, podía permanecer
indiferente a los influjos de una cultura afrolatinoamerindia.
Pero la escasa ponderación de las gentes de provincias en
el conjunto de la Nación; la falta de una observación
minuciosa de las aportaciones efectivizadas; los valladares impuestos
consciente o inconscientemente por el sistema donde se desenvuelven
el poder y los intereses, legítimos o no; el todavía
vigente comportamiento de absorción de la cultura de nuestras
regiones, desde los centros de poder político, social, económico
y cultural, empujan a hacer creer en la falta de protagonismo del
pueblo provinciano.
A lo mejor una distinción provisional habría que hacer,
si es que realmente y con validez se puede hablar del cantor nacional
y no del cantor a secas; el primero expresa con mayor intensidad
esto que pertenece a todos los argentinos. Ni tampoco el lenguaje
de las letras de tango es exclusivo, sino común, hoy día,
a casi todo el país, cualesquiera sean las áreas idiomáticas
que lo conforman, tema que también nos es desbrozado por
Néstor Dipaola.
No podía faltar en una importante labor, como ya cumplida
por el autor, la circunstancia del “fenómeno tango”,
que en casos es similar a la acontecida en “La Reina del Plata”,
dado que todas las cosas humanas no son muy diversas, en cierto
sentido al menos y aunque la ley de la historia es que la realidad
se diversifica cada vez más y con más versatilidad
y dinamismo. Me refiero al ambiente social, a las “instituciones”
sociales, a los ámbitos de ocurrencia del fenómeno,
a los personajes, al drama humano, a los sentimientos, querencias
y ternuras; a los amores y las broncas, a las solidaridades y rencillas;
al día y a la noche, la paz y la guerra social, al machismo
o la canyenguería; a los objetos culturales, en fin a la
vida que alimentó a la versería gotanera y a la coreografía
y a la música que generalmente es creada por sublimación
sin advertirse que los sones del entorno, el canto del pájaro
o la vibración cósmica están coadyuvando a
la creatividad.
En todo caso habría que hacer más hincapié
en la temática que es propia, específica, autóctona,
en parte del medio. Es un modo que nos acerca al método investigativo
y a las búsquedas hechas por Béla Bartok, de las raíces
populares, antropología, etología y etnografía
mediantes.
Más, limitando mi apreciación a los contenidos específicos
de la obra, no es superfluo señalar, que de los mismos se
deduce claramente la participación protagónica de
ubicación sureña en esta porción de cultura
representativa del ser argentino. Esto de que el tango nos representa
tiene demasiados fundamentos. Más, digo: que nos representa
a los argentinos.
Es dable advertir en el libro que los avatares y las relaciones
del tango con otros aspectos de la cultura y también de los
géneros musicales en particular, así como los mitos,
leyendas y anécdotas y toda la infrahistoria, han tenido
comunes denominadores en todo el territorio nacional, aunque la
influencia de la música autóctona es más fuerte
en las provincias; pero asimismo es innegable que la música
negra ejerció influencias en la gran ciudad y en la campaña.
Seguramente, para tener un acabado concepto sobre el desenvolvimiento
del tango en la región sur, sea necesario hacer recopilaciones
y trabajo de equipo prolongado. Ya existe bibliografía y
mucha más hemerografía acerca de esto. Igualmente,
ricos cancioneros, gran producción de música y de
letras; actividades variadas que informan acerca de vigorosos movimientos
tangueros en todo el sur. Néstor Dipaola trata el tema con
más desarrollo al referirse a su ciudad. ¡Que cada
uno haga lo suyo en su sitio! De otro modo es imposible improntar
la historia y la actualidad del tango.
A la larga, todo se compadece con una afectividad común y
ontológicamente, todo es de nuestra naturaleza, la que Dios
nos dio. Aquí se expresa también con el tango argentino.
Eduardo Giorlandini (*)
Bahía Blanca - Octubre de 2001
(*) El doctor Eduardo Giorlandini es miembro académico
en las Academias Porteña del Lunfardo y Argentina de Artes
y Ciencias de la Comunicación, y del Círculo de Poetas
Lunfardos de Buenos Aires. Docente e investigador de la Universidad
Nacional del Sur (Bahía Blanca) y vinculado a otras universidades
nacionales; escritor, poeta, letrista de canciones y periodista
independiente. Numerosos libros publicados sobre tango, lunfardo
y Derecho. |